Ayer terminó la etapa madrileña de “Economía y sociedad abierta”, dos jornadas intensas de encuentros y conversaciones
En español, salir de la crisis, todavía suena más difícil. Porque para salir de la jaula de estancamiento que está atenazando al Viejo Continente, ya ahora y aún más en el inmediato futuro, Europa tendrá que desplegar todas sus mejores energías. Un timón no fácil de gestionar en diferentes rutas alternativas. Economistas, académicos y políticos discutieron ayer y martes en Madrid durante la tercera etapa del 2008 de “Economía y sociedad abierta”, el foro internacional organizado por Bocconi y Corriere della Sera junto a Universidad Carlos III de Madrid, Esade, El Mundo y Expansión.
“Esta crisis ha llegado ampliamente imprevista”, remarcó Mario Monti, presidente de Bocconi, y por eso “es necesaria modestia en el plan intelectual porque queda mucho que hacer para entender como no recrear las condiciones porque vuelva a presentarse. Así como está claro que no hay que cerrarse, sino apostar a la innovación, eficiencia y competencia, elementos quizás un poco olvidados en el reciente pasado”.
Le hace eco Antonio Borges, presidente del European Corporate Governance Institute y presidente del International advisory board de la Universidad Bocconi, que del panel del congreso sobre las “oportunidades de las empresas en tiempos de turbulencias financieras”, remarcó como “la actual crisis, en los países del sur de Europa como España, nace de una carrera demasiado veloz de sectores al amparo de la competencia internacional. El único modo para superarla es recuperar la competitividad de las empresas, sobre todo a través de la innovación”. Por otro lado, en España, pero lo mismo se puede decir de Italia, “invertir en investigación durante la crisis no es una oportunidad, pero una obligación”, comentó Cristina Garmendia Mendizábal, ministra española de Ciencia e Innovación. “En nuestro país”, siguió la ministra, “hay que correr para quedarse en el mismo punto, por lo tanto hay que ir el doble de rápido para ir en algún sitio”. Es decir, sirve espacio a la cultura de la innovación, sea en el estado como en las empresas, pero también sirven vencimientos precisos, que puedan dar el tiempo al proceso, como indicó Alfonso Gambardella, docente de economía y gestión de las empresas en Bocconi.
Tema caliente para España e Italia, pero no solo, es el del proceso de descentralización de los poderes que interesa los varios niveles de la administración. “La recesión no crea un ambiente favorable a la actuación de las leyes sobre el federalismo fiscal”, dijo Alberto Zanardi, catedrático de ciencia de las finanzas en Bolonia e investigador de Econpubblica, el centro de investigaciones sobre la economía del sector público de Bocconi, durante los trabajaos del congreso sobre el tema. “En efecto habrá menos recursos para amortiguar el paso del viejo al nuevo sistema”. Al congreso en el que participaron, entre otros, también Hansjörg Blöchliger, economista senior en el Departamento de economía del Ocse y Casimiro García Abadillo, vicedirector de El Mundo, se evidenciaron analogía y diferencias entre los dos países del Sur de Europa. Y si España es la primera en velocidad de descentralización entre los países avanzados, e Italia es tercera, el nivel de gasto del centro es diferente entre los dos países, con las regiones españolas que gravan menos en él con respecto a las italianas. En especial, en nuestro país, son las regiones autónomas las que sacan mayores beneficios del sistema fiscal nacional, remarcó Zanardi, y las retenciones de los entes locales han subido del 15,7% al 44% en los 15 años entre el ’90 y el 2005.
Andrea Celauro